
Y a las 12:02 horas, tras permanecer durante una hora dentro del recinto del primer equipo, el capitán se calzó las botas y saltó al césped de Valdebebas. En el campo principal, sus compañeros superaban un circuito físico ordenado por el preparador físico, Pau Alberti. Raúl caminaba, bebía agua y cogía dos cueros. Bajaba al terreno de juego concentrando, sabiendo que el paso que iba a dar en su recuperación podía ser casi definitivo. Calentó, hizo carrera continua y escuchó atentamente las indicaciones de San Martín.

Después de cincuenta minutos probando su rodilla izquierda sobre el césped, San Martín puso el colofón con un ejercicio de reactividad, donde Raúl debía golpear a dos balones a la vez en un reducido espacio de juego. Bajó los tiempos marcados al inicio del ensayo, y disparó a la portería situada en el campo haciendo un gesto de satisfacción que reflejaba que había terminado contento. Le pidió una valoración de su jornada al recuperador, que le respondió satisfactoriamente, lo que provocó una sonrisa en el madrileño, que cada vez más cerca reintegrarse al trabajo con el grupo. Aunque la mejor noticia fue la respuesta de su articulación.